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IMÁGENES
Este día de luz imponderable
ya puedo creer en todo,
menos en el hombre o el ángel que, después
de tanto amanecer nublado
nos mira como hijos de la nada.
Sí, es verdad que yo nací de una ilusión
-fue el amor-
sin estirpe ni rango,
y no se sabe aún de que pradera
o de que punto cardinal fluye mi sangre.
Pero tengo este corazón
que mira al mar
donde, cantando sin saber por qué,
naufragará mi polvo.
Qué resurgir de quietas islas
en la epidermis roja del horizonte;
de pueblos múltiples flameando
como bandera blanca en el verde-ocre
de la tarde inmutable.
Las olas, leones con crines de espuma
contra el acantilado,
o rumor de largo beso en la playa,
gritan, a coro, mi nombre de siempre,
mientras gaviotas y veleros,
me invitan a un festival en el umbral de la noche.
Qué orgía de delfines,
de imágenes en la inmensidad
de este líquido instante
en que la noche, por fin, ha decidido
apacentar estrellas.
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