Fin
FIN DE LA HISTORIA
Qué vértigo asomarse
a este precipicio y sentir cómo se desguazan
los sobrenombres dulces
y las amapolas triunfantes del ayer.
Ver cómo se desploma
la hoguera de los besos, al alba convergentes
en los senos desnudos
y en el coseno del horizonte ataviado
de rojo interminable.
Qué aburrido esperar,
en la próxima esquina de este siglo,
el tranvía de la esperanza,
mientras desaparece todo:
ojos con el color de la existencia,
fotografías-memoria del origen del mundo
y relojes de arena detenidos
en la hora de la muerte.
Pero me queda el mar
y el viento de Oriente, o de dónde venga si es de noche,
para destrozar la huella del abandono
y dibujar el nombre del amor
con los recuerdos.
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